Shopping Cart

Your cart is empty

Continue Shopping

LA HISTORIA DE YHANNA PRADO

‘La Jefa’. Querida por su carisma y respetada por su profesionalidad. Si aún no la conoces, acércate al Hotel Princess Negresco en Barcelona y déjate llevar por sus cócteles.

Bienvenida a la familia Drink Organic, es un verdadero placer tenerte hoy junto a nosotros, como bien sabes queríamos reivindicar el dia de la mujer haciéndote una entrevista y conocer un poco más quién es Yhanna Prado, de dónde vienes y saber las raíces de tu pasión por la coctelería, así que con tu permiso vamos allá...


¿De dónde viene Yhanna, por qué Barcelona?


Desde Venezuela me vine muy joven con recién cumplidos los 19 años. Llegué a Barcelona de la mano de una de mis hermanas mayores que ya vivía en la ciudad Condal. Todo se debe a causa de la muerte de mi hermano mayor Alberto, allí en el velatorio mi hermana, que vivía aquí me preguntó ¿Qué quieres hacer con tu vida?, si quieres, te puedes venir conmigo y pruebas y si no te vuelves. Yo había acabado el instituto y estaba haciendo pruebas para entrar a la universidad para hacer ingeniería civil. No me gustaba demasiado, pero sentía que tenía que hacer algo más. Así que mi hermana reunió dinero para que yo pudiera venirme, piensa que hace años era muy caro volar y me lancé con ella. Piensa que yo ni sabía que en Barcelona se hablaba el catalán ¡Imagínate!


¿Llegas a Barcelona y qué sucede, consigues trabajo?


Cuando llegué a Barcelona estuve en el piso de mi hermana hasta que encontré mi primer trabajo oficial haciendo de interina en una casa de Playa de Aro, donde pasé una temporada trabajando las 24 horas del día. Allí gané mis primeras 150.000 pesetas ¡Todavía no se usaba el euro!


¿De dónde viene tu pasión por la coctelería?


Mi pasión y amor a lo que hago se lo debo todo a Maria Dolors de la coctelería BOADAS, sin duda. Fue la primera coctelería que pisé junto a mi hermana en plan turista, estábamos de pie junto a la barra, apretadas, creo que me tomé un mojito, con el local a reventar de gente... yo solamente estaba con el mojito en la mano viendo actuar a Maria Dolors detrás de la barra. Ni siquiera sabía quién era, pero ver a esa mujer con tanto poder, tanto control, me quedé impactada viéndola y pensando: Yo quiero ser como esta mujer, yo quiero hacer lo que hace ella. Ni siquiera sé si me terminé mi mojito. Estaba por todo, ¡Tú limpia aquí! ¡Tu cobra aquí! ¡Hola, buenas noches! Sonriente, y ver cómo llevaba la batuta en ese local era todo un espectáculo. Fue una verdadera inspiración. A partir de ahí fue cuando empecé a buscar los bares donde se hacían cócteles, pisé Tandem, Tirsa, Dry Martini, Ideal y los pocos más que había.

 

¿Tu primera experiencia detrás de una barra?

 

Mi primera experiencia fue en el 2001 en un bar que se llamaba Le Parnasse, actualmente se llama Milk, en la calle Gignás. Un lugar donde se servía mucha cerveza y absenta, pero también tenían una pequeña carta de cócteles como el mojito, caipiriña, caipiroska, etc. Ahí es cuando tuve que empezar a fijarme en qué cantidades se ponían de cada cosa y a leer libros de coctelería. Allí me encuentro con el reto de evolucionar personalmente, ya que tenía la responsabilidad de darle a los clientes lo que habían pedido de la mejor manera. Luego la jefa me dijo que si limpiaba los baños me iba a dar 5 euros extras al día. Estuve reuniendo el dinero suficiente para poder vivir la experiencia de ir a tomarme un cóctel, y fue con ese dinero que fui a Dry Martini, uno de los templos de la coctelería en Barcelona.

Más adelante mi hermana abrió un bar cerca del carrer Gignás en el que me puso al cargo. Yo ya tenía el gusanillo de hacer cócteles de trago corto, así que aparte de la carta básica, añadí una pequeña selección de cócteles clásicos, incluso me fui al mercado dels Encants en busca de cristalería. Fueron tres años intensos de estudio y aprendizaje.


¿Dónde se empieza a desarrollar tu carrera en la ciudad? ¿Cómo recuerdas esa etapa?


Empiezo en la apertura de la coctelería Milano en Rda. Universitat. Me contrata Juanjo, (ex barman en Boadas), junto a tres personas más. Para mí fue una gran oportunidad de poder aprender de alguien que trabajó tan cerca de Maria Dolors “La Mama”, la mujer que me marcó el camino y que tanto me inspiró. Empiezo como camarera en sala durante los primeros años. Cuando los Barmans tenían su día libre yo tenía la oportunidad de trabajar detrás de la barra, aunque todavía con el delantal rojo, sin chaquetilla. Poco a poco el propietario del Milano se fue dando cuenta que mi servicio al cliente iba más allá de servir cócteles, preguntaba cómo querían los tragos, ¿Con qué whisky quiere su Manhattan?, ¿Con qué ginebra prefiere su Dry Martini? Fueron siete años de mucho sacrificio, pero muy fructíferos, donde empecé como camarera con mi delantal rojo y acabé como encargada del local con chaquetilla. Allí fue cuando entendí que manifestar los sueños se cumplen.


¿Cómo valoras la evolución de la mujer detrás de la barra desde tus inicios hasta el día de hoy?


Tradicionalmente siempre ha sido un mundo de hombres, desgraciadamente así era la sociedad en aquel entonces. Desde mi punto de vista creo que antes tenías que esforzarte el triple para demostrar que estabas al mismo nivel que un hombre, tanto a ojos del profesional como a ojos de la clientela.
Después de 20 años considero que la evolución de la figura femenina detrás de la barra es muy positiva, porque antes éramos cuatro… Creo que un factor importante viene a través de las competiciones de coctelería como World Class o Bacardi Legacy cuando llegaron a España, concursos en los que se valora el trago, la profesionalidad, el proceso… con el mismo abanico de oportunidades para tod@s. Ahora hay muchas mujeres con un nombre propio detrás de la barra sin un jefe o un encargado que les diga lo que deben hacer.


¿Hacia dónde crees que evoluciona el mundo de la coctelería? ¿Has notado nuevos hábitos de consumo por parte del cliente?


Evidentemente el mundo de la coctelería es un reflejo de los nuevos hábitos tanto en alimentación como en consumo de bebidas, al final somos una vertiente más. Considero que desde hace ya un tiempo que las coctelerías empiezan a elaborar sus propios cordiales, siropes, maceraciones... hay una intención por hacer algo que no sea industrial, plasmando una identidad más personalizada, más artesanal y sostenible, con más conciencia a la hora de utilizar productos naturales y de proximidad. La coctelería va encaminada a meterse dentro de este circuito que es una tendencia global, es lo que está pidiendo el cliente y cada vez más grandes marcas se están adaptando a estos nuevos hábitos.


¿Cuál es la mayor recompensa de tu profesión que hace que mantenga viva esta pasión a día de hoy?


Sinceramente, tener el respeto de la industria. Una de las cosas de las que estoy más orgullosa es la continuidad que he podido tener durante veinte años. Muchas veces yo misma me pregunto cómo es posible que a día de hoy se siga hablando de ti como algo novedoso durante tanto tiempo. Un respeto y reconocimiento que viene precedido de un trabajo continuo, diario. He vivido situaciones en las que alguien que admiras, que has estudiado sus libros como por ejemplo Peter Dorelli, Hidetsugu Ueno, Salvatore Calabrese, Simone (Simone Caporale), después de tantos años, haciendo cócteles si, haciendo sonreír, pero también llenando neveras y limpiando vasos. Que esta gente te den la mano y te pregunten ¿Cómo estás? ¿Te has cortado el pelo? ¡Y yo no me lo puedo creer! (risas). Es la parte más gratificante de todo este follón. Todo esto hace que piense que de algún modo he metido un pie en la historia de la coctelería.


Y para finalizar esta conversación tan interesante:
Un sueño, un lugar y un cóctel.


Yo siempre digo que como Bartender mi sueño es tener mi propio bar.
Barcelona es mi ciudad. ¡Y puestos a soñar, replicaría el bar del Hotel Atlas de Singapur en Barcelona!
Y en cuanto a un cóctel… ¿Solo uno? Pues el Dry Martini sin ninguna duda. Tanto el sitio, como el cóctel han marcado mi vida.

 

imagen cedida por @tapofood